lunes, 17 de septiembre de 2012

SEDE EDUCATIVA BUZAL

 DENOMINACIÓN:
Su nombre proviene de un componente ecológico, que  obedece a la planta o especie vegetal que predominan en la vereda, a saber: la palma denominada “Buza”.

UBICACIÓN GEOGRÁFICA Y MAPA DE LA VEREDA:
Buzal, se encuentra localizada  al occidente del municipio de Otanche a una distancia de 15 K.m. de la zona urbana, situado a una altura sobre el nivel del mar de 1200 m, con clima tropical de selva húmeda. Limita por el oriente con la vereda de Teusaquillo, por el occidente con Platanillal, al norte con el encanto y por el Sur con la Vereda La llano; su relieve es totalmente montañoso.

En éste mapa, se puede observar en color café, la vía carreteable principal de acceso. En color azul, vemos las fuentes hídricas más representativas de la vereda: quebrada “la cobre” y “turuturú,





PRIMEROS POBLADORES:
Uno de los primeros habitantes de esta vereda fue el señor TADEO TRIVIÑO.

VIVIENDA:
Los habitantes de Buzal, hacían sus casas con madera y luego cercaban con guadua, para evitar el ingreso de los cerdos; y otros animales. También, elaboraban enramadas donde construían trapiches los cuales les ocasionaban pérdidas de manos y de brazos.

AGRICULTURA:
sembraban a orillas de los ríos y quebradas bocadillo, guineo y yuca, también sembraban maíz y fríjol maisero y como habían animales silvestres se les facilitaba la carne del zaino, cafuches y venados los cuales los encontraban en el trabajo.


LA CAZA Y LA PESCA:
La caza la practicaban de enero a Junio. En los ríos había mucho pescado, éstos envenenaban el agua con barbasco, leche de saibo o acuapar;  por esto a los cazadores les tocaba cada vez más lejos la caza  a dos o tres días de camino, cada uno llevaba sus respectivas medicinas.


LEYENDA:
“El espanto del alto delas cruces”
En una pesadilla  de padre y señor mío...  se convirtió en una época el tránsito por el famoso Alto de las cruces, paso obligado para viajar de Otanche hacia  Humbo y Yacopí y viceversa. El lugar del espanto esta ubicado en el filo de la serranía de Las Cruces que desciende hacia el norte entre las quebradas Cobre y Buzal sobre el camino que como acabamos de decir era la vía obligada entre Otanche  y sus veredas que se extienden hacia Humbo y Yacopí.

La afluencia de transeúntes y viajeros era abundante pues prácticamente era la única vía que unía la parte sur, bastante poblada con la de oriente accesible a la de Borbur y Muzo, después de dejar en Buzal la dirección Norte vía Pizarrá Chaquipay-La Belleza, núcleos empresariales y comerciales de la época.

Estas vías y caminos fueron trazados siglos atrás por la inteligencia y la “ingeniería indígena” ante la necesidad de comunicar sus regiones e intercambiar sus productos artesanales, normalmente seguían encause de las quebradas y los filos que descendían suavemente de las montañas hacía las cuencas. Pero en algunas ocasiones como la que nos ocupa, cera necesario pasar de una cuenca o vertiente a otra atravesando un filo, loma o alto de pendiente considerable. Estas vías transversales acortaban las distancias y los viajes, pero incrementaban la fatiga de caminantes y acémilas ante las pendientes a escalar y las depresiones a descender.

Sucedía en tiempos no muy lejanos, cuando el famoso cerro de las cruces aún no se llamaba así, estaba todavía cubierto de selva desde la base hasta la cumbre que el viaje hacia Otanche una de sus estribaciones era muy tedioso, puesto que había que escalar una fuerte pendiente bajo la selva y luego descender igualmente bajo la tupida selva hacía la cañada de La Cobre.  La gente o mejor los viajeros que tenían que emprender el viaje por este reducto tenían en sus mentes sus propias prevenciones y prejuicios.

Se propagó el cuento y luego la leyenda de que en este paraje asustaban a los transeúntes, que salía silencioso un espíritu y con mucha fuerza y sin ninguna consideración “revolcaba” a los viajeros que se atrevían a circular solos por allí.

Ante esta superchería los viajeros prevenidos se bebían sus chichas y guarilaques en las tiendas al pie de la montaña y ya con el pecho alicorado y llenos así de intrépido valor iniciaban el ascenso de la cuesta que tenían por delante animados a vencer con brío el famoso espanto, que los estaría esperando en inmediaciones de las faldas de aquel cerro y que no era otra cosa que el Espíritu de la montaña con su capa de selva, que imponía respeto y se aprestaba a cobrarles un peaje por el uso de su territorio. Entre más temerosos y alicorados, peor era la situación, se quedaban anclados en los lodazales del camino, se resbalaban sobre la arcilla húmeda y destapada y caían al suelo, se rodaban en los atajos del camino, las mulas se rechazaban a la presencia de alguna serpiente ose asustaban ante el vuelo inesperado de algún ave montaraz. Todos estos incidentes ,imprevistos las más de las veces, contribuían a propalar el mito de los incruentos golpes que padecían los transeúntes por este sector a manos de un personaje invisible que se regocijaba en revolcarlos en los barrizales del camino.

Pero no se daban cuenta los incautos caminantes que el acicate de las caídas en este resbaladizo camino lo cargaban ellos por la fatiga de las caminatas, el temor a internarse cuesta arriba en una selva y sobre todo el estado de borrachera que la mayoría de las veces era la responsable de sus caídas y revolcadas en el barro del camino, a veces con largas siestas allí, mientras el licor sobrante se esfumara de sus vientres y permitiera a la mente retomar la dirección del camino que los conduciría a su destino con una versión más del susto que habían padecido al atravesar aquel espolón de la serranía. Para contrarrestar esta racha de “malos tratos” en aquel filón, los levitas que se atrevieran a cruzarlo y escucharon a muchos transeúntes maltratados, aconsejaron a sus feligreses elaborar y colocar una cruz al transitar aquel sitio de aquelarre.  Muy Obedientes todos los parroquianos procedieron desde entonces instalar cruces en las vueltas y revueltas del camino que trenzaban las faldas de aquel cerro para santificar el lugar y evitar así las revolcadas endemoniadas que sufrían en aquel tortuoso trecho del camino.
Muchos llevaron cruces elaboradas pero los mas afanados a llegar allí se limitaban a cortar un trozo de vara delgada de aproximadamente un metro de largo lo habrían  en la parte superior en forma de horqueta dentro del cual atravesaban otro trozo de madera generalmente de la misma vara o madero de aproximadamente 20 cms y lo sujetaban con un bejuco propio de la región configurado así una pequeña cruz rustica e improvisada que clavaban en el primer claro a la vista acompañándola en una rápida ceremonia de santiguación el lomo del empinado cerro y sus flancos a lado y lado del camino se llenaron de cruces el sitio se torno más amigable y los transeúntes y vecinos ya no le llamaron  “de El Espanto” sino de “Las cruces” consejo que debilito el mayorazgo del espíritu salvaje de aquel lugar el cual derruido acongojado se fue retirando lenta y calladamente dejando el espacio en un nuevo ente más carismático que  desprovisto ya que su capa de selva y vestido a  media falda de pastizales para la alimentación de ganadería continua imponiendo ritmo al espíritu emprendedor de tantos Quijotes que ánima al gran contorno de nuestro cerro tutelar, la mayor fortaleza  ortográfica  anclada en el corazón de Nuestro Municipio.

INSTITUCIÓN EDUCATIVA:
La sede Buzal, actualmente está unificada a la Institución Educativa “San Ignacio de Loyola”.
Escuela unitaria de carácter oficial con  pedagogía activa.

Cuenta con un aula de clases, restaurante escolar, sala de informática, cancha de microfútbol y baloncesto y apartamento para el docente.



Actualmente, en la sede Buzal, se presta el servicio de educación para jóvenes y adultos, por medio del programa “transformemos”.

Cerca de la sede, (por la vía de acceso), se observan hermosos paisajes  adornados por ricas fuentes hídricas donde las comunidad y los estudiantes se refrescan en temporadas calurosas.

Éstos sitios, son popularmente conocido por los habitantes como: “la Buzala” y “el chorrerón”