SEDE EDUCATIVA BUZAL
DENOMINACIÓN:
Su nombre proviene de un componente ecológico, que obedece a la planta o especie vegetal que
predominan en la vereda, a saber: la palma denominada “Buza”.
Buzal, se encuentra localizada al occidente del municipio de Otanche a una
distancia de 15 K.m. de la zona urbana, situado a una altura sobre el nivel del
mar de 1200 m, con
clima tropical de selva húmeda. Limita por el oriente con la vereda de Teusaquillo,
por el occidente con Platanillal, al norte con el encanto y por el Sur con la
Vereda La llano; su relieve es totalmente montañoso.
En éste mapa, se puede observar en color café, la vía
carreteable principal de acceso. En color azul, vemos las fuentes hídricas más
representativas de la vereda: quebrada “la cobre” y “turuturú,
PRIMEROS
POBLADORES:
Uno de los primeros habitantes de esta vereda fue el
señor TADEO TRIVIÑO.
VIVIENDA:
Los habitantes de Buzal, hacían sus casas con madera y
luego cercaban con guadua, para evitar el ingreso de los cerdos; y otros
animales. También, elaboraban enramadas donde construían trapiches los cuales
les ocasionaban pérdidas de manos y de brazos.
AGRICULTURA:
sembraban a orillas de los ríos y quebradas bocadillo,
guineo y yuca, también sembraban maíz y fríjol maisero y como habían animales silvestres
se les facilitaba la carne del zaino, cafuches y venados los cuales los
encontraban en el trabajo.
LA
CAZA Y LA PESCA:
La caza la practicaban de enero a Junio. En los ríos
había mucho pescado, éstos envenenaban el agua con barbasco, leche de saibo o
acuapar; por esto a los cazadores les
tocaba cada vez más lejos la caza a dos
o tres días de camino, cada uno llevaba sus respectivas medicinas.
LEYENDA:
“El
espanto del alto delas cruces”
En una pesadilla de padre y señor mío... se convirtió en una época el tránsito por el
famoso Alto de las cruces, paso obligado para viajar de Otanche hacia Humbo y Yacopí y viceversa. El lugar del
espanto esta ubicado en el filo de la serranía de Las Cruces que desciende
hacia el norte entre las quebradas Cobre y Buzal sobre el camino que como
acabamos de decir era la vía obligada entre Otanche y sus veredas que se extienden hacia Humbo y
Yacopí.
La afluencia de transeúntes y viajeros era abundante
pues prácticamente era la única vía que unía la parte sur, bastante poblada con
la de oriente accesible a la de Borbur y Muzo, después de dejar en Buzal la
dirección Norte vía Pizarrá Chaquipay-La Belleza, núcleos empresariales y
comerciales de la época.
Estas vías y caminos fueron trazados siglos atrás por
la inteligencia y la “ingeniería indígena” ante la necesidad de comunicar sus
regiones e intercambiar sus productos artesanales, normalmente seguían encause
de las quebradas y los filos que descendían suavemente de las montañas hacía
las cuencas. Pero en algunas ocasiones como la que nos ocupa, cera necesario pasar
de una cuenca o vertiente a otra atravesando un filo, loma o alto de pendiente
considerable. Estas vías transversales acortaban las distancias y los viajes, pero
incrementaban la fatiga de caminantes y acémilas ante las pendientes a escalar
y las depresiones a descender.
Sucedía en tiempos no muy lejanos, cuando el famoso
cerro de las cruces aún no se llamaba así, estaba todavía cubierto de selva
desde la base hasta la cumbre que el viaje hacia Otanche una de sus
estribaciones era muy tedioso, puesto que había que escalar una fuerte
pendiente bajo la selva y luego descender igualmente bajo la tupida selva hacía
la cañada de La Cobre. La gente o mejor
los viajeros que tenían que emprender el viaje por este reducto tenían en sus
mentes sus propias prevenciones y prejuicios.
Se propagó el cuento y luego la leyenda de que en este
paraje asustaban a los transeúntes, que salía silencioso un espíritu y con
mucha fuerza y sin ninguna consideración “revolcaba” a los viajeros que se
atrevían a circular solos por allí.
Ante esta superchería los viajeros prevenidos se
bebían sus chichas y guarilaques en las tiendas al pie de la montaña y ya con
el pecho alicorado y llenos así de intrépido valor iniciaban el ascenso de la
cuesta que tenían por delante animados a vencer con brío el famoso espanto, que
los estaría esperando en inmediaciones de las faldas de aquel cerro y que no
era otra cosa que el Espíritu de la montaña con su capa de selva, que imponía
respeto y se aprestaba a cobrarles un peaje por el uso de su territorio. Entre
más temerosos y alicorados, peor era la situación, se quedaban anclados en los
lodazales del camino, se resbalaban sobre la arcilla húmeda y destapada y caían
al suelo, se rodaban en los atajos del camino, las mulas se rechazaban a la
presencia de alguna serpiente ose asustaban ante el vuelo inesperado de algún
ave montaraz. Todos estos incidentes ,imprevistos las más de las veces, contribuían
a propalar el mito de los incruentos golpes que padecían los transeúntes por
este sector a manos de un personaje invisible que se regocijaba en revolcarlos
en los barrizales del camino.
Pero no se daban cuenta los incautos caminantes que el
acicate de las caídas en este resbaladizo camino lo cargaban ellos por la
fatiga de las caminatas, el temor a internarse cuesta arriba en una selva y
sobre todo el estado de borrachera que la mayoría de las veces era la
responsable de sus caídas y revolcadas en el barro del camino, a veces con
largas siestas allí, mientras el licor sobrante se esfumara de sus vientres y
permitiera a la mente retomar la dirección del camino que los conduciría a su
destino con una versión más del susto que habían padecido al atravesar aquel
espolón de la serranía. Para contrarrestar esta racha de “malos tratos” en aquel
filón, los levitas que se atrevieran a cruzarlo y escucharon a muchos transeúntes
maltratados, aconsejaron a sus feligreses elaborar y colocar una cruz al
transitar aquel sitio de aquelarre. Muy
Obedientes todos los parroquianos procedieron desde entonces instalar cruces en
las vueltas y revueltas del camino que trenzaban las faldas de aquel cerro para
santificar el lugar y evitar así las revolcadas endemoniadas que sufrían en
aquel tortuoso trecho del camino.
Muchos llevaron cruces elaboradas pero los mas
afanados a llegar allí se limitaban a cortar un trozo de vara delgada de
aproximadamente un metro de largo lo habrían
en la parte superior en forma de horqueta dentro del cual atravesaban
otro trozo de madera generalmente de la misma vara o madero de aproximadamente
20 cms y lo sujetaban con un bejuco propio de la región configurado así una
pequeña cruz rustica e improvisada que clavaban en el primer claro a la vista acompañándola
en una rápida ceremonia de santiguación el lomo del empinado cerro y sus
flancos a lado y lado del camino se llenaron de cruces el sitio se torno más
amigable y los transeúntes y vecinos ya no le llamaron “de El Espanto” sino de “Las cruces” consejo
que debilito el mayorazgo del espíritu salvaje de aquel lugar el cual derruido acongojado
se fue retirando lenta y calladamente dejando el espacio en un nuevo ente más carismático
que desprovisto ya que su capa de selva
y vestido a media falda de pastizales
para la alimentación de ganadería continua imponiendo ritmo al espíritu
emprendedor de tantos Quijotes que ánima al gran contorno de nuestro cerro
tutelar, la mayor fortaleza ortográfica anclada en el corazón de Nuestro Municipio.
INSTITUCIÓN
EDUCATIVA:
La sede Buzal, actualmente está unificada a la Institución Educativa
“San Ignacio de Loyola”.
Escuela unitaria de carácter oficial con pedagogía activa.
Cuenta con un aula de clases, restaurante escolar,
sala de informática, cancha de microfútbol y baloncesto y apartamento para el
docente.
Actualmente, en la sede Buzal, se presta el servicio
de educación para jóvenes y adultos, por medio del programa “transformemos”.
Cerca de la sede, (por la vía de acceso), se observan
hermosos paisajes adornados por ricas
fuentes hídricas donde las comunidad y los estudiantes se refrescan en
temporadas calurosas.
Éstos sitios, son popularmente conocido por los
habitantes como: “la Buzala” y “el chorrerón”


